Editorial – Una Europa de personas, no de números

Editorial – Una Europa de personas, no de números

Basta ver Utopía, la película dirigida por Pietro Mariani, consejero del CGIE, para entender su vínculo profundo con el mundo de la emigración. En esta obra —intensa y sobria, atravesada por una fuerte tensión moral— los italianos en el extranjero no son una categoría abstracta, sino rostros, historias y trayectorias. Nunca números: siempre personas.

La película es también el reflejo de más de veinte años de compromiso. Desde 2003, cuando se incorporó a los Comités, Mariani ha trabajado por la representación de los italianos en el exterior. Fue consejero, presidente de los Comités de Madrid desde 2015 y, desde 2022, consejero del CGIE. Una trayectoria construida desde la escucha cotidiana, el voluntariado y la búsqueda de soluciones compartidas.

En su intervención en el Seminario Internacional ACLI/EZA 2026 lo resumió con claridad: “la movilidad no es un fenómeno estadístico, sino humano”.

Está hecha de jóvenes que llegan sin alojamiento, de trabajadores que desconocen el sistema sanitario del país de acogida, de profesionales cualificados relegados a empleos no cualificados, de familias que luchan por matricular a sus hijos o conseguir documentación urgente. Está hecha de miedos, esperanzas y dignidad.

Europa garantiza la libre circulación, pero no siempre la plenitud de los derechos. La libertad necesita acompañarse de portabilidad de protecciones, reconocimiento de competencias e igualdad real en el acceso a los servicios. Entre los puntos más urgentes señalados por Mariani destaca la falta de estandarización en el reconocimiento de títulos: enfermeras que no pueden ejercer, ingenieros infraempleados, docentes atrapados en trámites interminables. Y cuando regresan a Italia, a menudo sus cualificaciones europeas tampoco son reconocidas. Una herida individual y un desperdicio colectivo.

A ello se suma la nueva ley de ciudadanía aprobada en 2025, que introduce restricciones relevantes en la transmisión a los hijos, especialmente en familias mixtas o con doble nacionalidad. El riesgo es fracturar vínculos y generar desigualdades entre hermanos nacidos en distintos países. La ciudadanía no puede convertirse en un obstáculo burocrático: debe seguir siendo un puente.

Todo ello se enmarca en el invierno demográfico italiano y europeo. Italia pierde población y sectores estratégicos —industria, sanidad— sufren escasez de personal cualificado, mientras cientos de miles de italianos se forman y trabajan en Europa.

La pregunta de Mariani es directa: ¿por qué no convertir esta movilidad en un recurso estructural? ¿Por qué no apostar por políticas de retorno basadas en la circularidad, que permitan salir, regresar y volver a partir sin perder derechos ni oportunidades?

En este contexto, la representación es clave. El CGIE —43 consejeros electos y 20 designados por el gobierno— responde a un equilibrio de otra época. Mariani propone reducir los designados a ocho e integrar a los doce parlamentarios electos en el extranjero. Un debate necesario para reforzar la coordinación institucional y hacer más eficaz la protección de las comunidades italianas en el mundo.

En España, el consejero subrayó dos asuntos pendientes: el reconocimiento ágil de títulos académicos y la cuestión de la doble nacionalidad. Si la Unión Europea aspira a ser una comunidad de derechos y no solo un mercado, debe garantizar coherencia entre libertades proclamadas y derechos efectivos.

La Europa de 2030 no se construirá solo con tratados, sino con personas que cruzan fronteras y comparten identidades múltiples. La movilidad italiana es un activo económico, cultural y social. Pero para que sea verdaderamente inclusiva, Italia debe simplificar servicios, reconocer competencias, proteger la transmisión de la ciudadanía, fortalecer la representación y promover la circularidad.

Las batallas evocadas por Pietro Mariani no son corporativas: son cuestiones de justicia, coherencia europea y futuro. Porque una Europa de personas —no de números— no es solo una utopía: es un proyecto que merece ser defendido.

 

estutele.com